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Y ahora, ¿que hago yo con mi vida?

Déjame contarte la verdad de nuestra historia, esa que ni siquiera existe. Me matas con tus idas y venidas, pero del mismo modo también me salvas. Me salvas del abismo que hay entre nosotros cada mañana, aunque apenas estemos a dos pasos. Me libras de las batallas perdidas y haces que mis ojeras tengan sentido, para bien o para mal. Todavía tengo miedo de perderte de verdad, de esperarte y que no vuelvas. Te fuiste con la llegada del verano y creí que era el final. A veces las personas se cansan de aguantar tanto. Supuse que ya no volverías a hablarme, a enviarme mensajes, que ya no volveríamos a mirarnos. Hay es cuando me di cuenta: había estado jugando contigo, huyendo de ti cuando te acercabas, siguiéndote los tonteos cuando todavía no me importabas. Y también fue entonces cuando comprendí que estaba enamorándome de ti, justo cuando imagine que ya no volverías. ¿Que masoquista verdad? Empezar a quererte justo cuando dejaste de estar pendiente de mi. Sera que siempre me obsesiono con lo imposible, con lo que no puedo tener. Asumí que estaba irremediablemente pillada por ti y, aunque fue difícil, me acostumbre a tu indiferencia. Pero al final regresaste, gracias a una simple casualidad. Las casualidad rigen mi vida de una manera que no te puedes ni imaginar. Apareciste de nuevo justo un año después del comienzo, si se le puede llamar así. Creí que la llegada de septiembre solo empeoraría las cosas, dado a toda la tensión y los momentos incómodos que habían pasado. Pero al final hizo que las cosas volvieran a la normalidad., aunque pensándolo bien, lo nuestro nunca ha sido del todo normal. Y menos mal, porque no me veo con fuerzas para afrontar un invierno sin ti. Tal vez alguna vez quisiste algo más, pero a día de hoy solo me ves como una amiga. Sé que no soy yo la que te quita el sueño, y eso me lo aparta a mi. Sé que ya no te intereso, si es que alguna vez lo hice. Ya debería darme igual, pero es que nadie nunca se había molestado en conocerme tanto, en conocerme de verdad. Jamas se habían ganado mi confianza de manera tan fácil, sin obstáculos. No sabéis lo increíblemente difícil que es estar a diario al lado de una persona con la que has compartido tantos sentimientos y no decirle ni una sola palabra, ni mirarle. Y ya no sé cuantas veces más voy a tener que seguir fingiendo que no me importa. Sera que siempre suelo querer más de lo que debo, que solo me entrego cuando no tengo ni media posibilidad. Y ahora, ¿que hago yo con mi vida? Soy muy de regalársela a cualquiera y te toco a ti. Cambiaste mi forma de pensar y observar el mundo, de verte. Toda mi puta mente dio un vuelco de 180 grados, se vació y ahora lo único que queda dentro eres tú, para variar. Y nada me hace más feliz y más triste. Pero que le voy a hacer, tengo la manía de aferrarme a personas que no quieren quedarse.

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