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Desde que no estas

Ha pasado ya un tiempo desde que nos estamos dejando. Desde que nuestras conversaciones hasta las tantas desaparecieron, desde que las sonrisas al leer una pantalla se esfumaron. Quizás sea hora de asumirlo, de recapacitar sobre mis actos. Tal vez ahora deba ser yo la que de él primer pasó. Escribirte un sencillo “Hola, ¿qué tal estas?”, no sé, dicen que no es para tanto. Dicen que no notaras lo mucho que echo de menos tus tonterías sin venir a cuento, tus “ojitos” o tus “tonta” que me hacían sentir tan especial. Dicen que es fácil, pero yo no puedo. Mi sentido de la vergüenza es demasiado, mi timidez me puede. Es curioso, para mí la vergüenza siempre ha sido un método de protección. Como una coraza, que impide que alguien me haga daño. Me la he impuesto durante años, con el temor hacia cierto tipo de personas. Siempre aparece cuando estoy rodeada de esa clase de gente. Gente que sé que me puede dañar. Pero en este caso, es justo lo contrario. Tengo que aprender a confiar un poco más en mi misma, a enfrentarme un poco a la vida de una vez. Quizás la mejor manera sea empezar por ti.




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