Todas las personas queremos llegar a ser algo importante. A hacer cosas grandes, a conseguir todos nuestros objetivos y cumplir nuestros sueños. Pero, nos solemos quedar por el camino, preguntándonos como comenzar a ser alguien. En realidad, es muy fácil: se empieza por ser diminuto y crecer mediante humildad, constancia y amor. Consiste en valorar a quien te valora, en no perder el tiempo con cosas que escapan de tu propio control y, sobre todo, en ver la realidad de las cosas. A veces también en fingir ser fuerte, para soportar las adversidades y los días malos. Comprender que es normal sentir dolor alguna vez y hacer que valga la pena. Y, nunca dejar de intentarlo.
Si nos da miedo el amor, es porque hubo una vez nos hicieron daño, o incluso dos. Y cuando a la tercera, cuando en teoría va la vencida, lo que ocurrió es que realmente nos dimos por vencidos. Así que no juzgues a alguien por lo que quiere o deja de querer, porque a lo mejor tiene el corazón echo añicos y unas cicatrices en su piel que no se irán por mucho tiempo que pase. El amor es ese tren que no es que no espere, sino que atropella. Pero es dirigido por alguien por quien te habrías tirado a las vías una y otra vez. Por eso no vuelve a pasar, porque cada amor mata. Y la ilusión del siguiente es lo que resucita, y por eso hay quien dice que si no has muerto por lo menos siete veces en vida es que no has vivido nada. Hay que tener un par de cojones y mucho pero que mucho coraje para enamorarte, porque aquel que te sonríe es el mismo que una mañana te dejara las sabanas frías y un hueco imposible de llenar en tu cama. Hay que ser valiente para querer enamorarte de alguien aún sabiendo ...

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