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Las cosas que nunca diré

Nunca diré que por las noches todavía pienso en él. Que hasta las baldosas de la calle me recuerdan lo bonito que es ser tan ingenua como lo fui yo. Lo sencillamente destructible y devastador que es no conocer nada de la vida, pero darla por alguien. Cuando la inocencia aún nos cubría con su velo, protegiéndonos y llenándonos de tontas esperanzas e ilusiones, ahora vacías y carentes de sentido. De todo aquello, ahora no queda nada. Aparentemente, al menos. Increíble pero cierto amor, me has dejado irremediablemente marcada. Llena de heridas y cicatrices, que no creo que jamas se curen del todo. En eso consistía tu misión, en hacerme fuerte a base de golpes. Pero hubo daños colaterales. La mascara de la debilidad aún habita en mi. Quizás ahora, aguante mejor lo que quede por venir. No lo sé, pero conseguiste que dejara de creer en las falsas promesas, y ya de paso en lo imposible. De pronto, crecí, y madure. Y así fue, que me volví más precavida a la hora de compartir mis pensamientos. Ahora prefiero quedarme en silencio, escuchando, sin expresar nada. Y lo que nadie sabe es que en mi mente libro batallas personales. Que estoy llena de gritos internos, y muchos se asustarían al averiguar lo que opino de ellos. Puede que sea callada, pero eso no significa nada. Mi corazón bombea y mi cabeza piensa, más que la de algunos de esos que hablan sin medir sus palabras. 

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