Cielo, hace mucho muchísimo tiempo que estoy cayendo por este precipicio. Que vivo con un "ni contigo ni sin ti" clavado en la piel y ya no me sirven estas letras, ni este cielo, ni esta sonrisa para conseguir que vuelvas. Que regrese esa persona que conocí. Una sonrisa sin reparo, sin quien podía estar mirando, esa manera de tocarte el pelo. Ese "quédate" pasadas las doce, esas que nos callamos el te quiero. Así que no me preguntes nunca que es lo que paso para que nos convirtiésemos en una promesa que estaba destinada a morir. Miedo a perderte lo llaman, miedo a perderme diría yo. Y eso es lo más triste, que yo por ti habría luchado contra gigantes por sacarte una sonrisa, aún sabiendo que en realidad el mayor enemigo que tenia eras tú. Tú y la puta manía que tengo yo de quererte. Y ahora he caído al precipicio, y esta vez no estarás tú para salvarme.
Si nos da miedo el amor, es porque hubo una vez nos hicieron daño, o incluso dos. Y cuando a la tercera, cuando en teoría va la vencida, lo que ocurrió es que realmente nos dimos por vencidos. Así que no juzgues a alguien por lo que quiere o deja de querer, porque a lo mejor tiene el corazón echo añicos y unas cicatrices en su piel que no se irán por mucho tiempo que pase. El amor es ese tren que no es que no espere, sino que atropella. Pero es dirigido por alguien por quien te habrías tirado a las vías una y otra vez. Por eso no vuelve a pasar, porque cada amor mata. Y la ilusión del siguiente es lo que resucita, y por eso hay quien dice que si no has muerto por lo menos siete veces en vida es que no has vivido nada. Hay que tener un par de cojones y mucho pero que mucho coraje para enamorarte, porque aquel que te sonríe es el mismo que una mañana te dejara las sabanas frías y un hueco imposible de llenar en tu cama. Hay que ser valiente para querer enamorarte de alguien aún sabiendo ...
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