Tengo la manía de aferrarme a personas que no quieren quedarse. Y me acojona pensar que me vaya a pasar siempre. Vivo con un miedo atroz a que nadie se quede hasta el final junto a mi, a que todas las personas que hoy son mi mundo desaparezcan de mi vida, a que todos me abandonen, poco a poco. A diario tengo la jodida sensación de que da absolutamente igual lo que haga, siempre va a ver algo o alguien mejor que yo a la vuelta de la esquina, por el que resulte fácil cambiarme. Ese es mi mayor miedo: que toda la gente a la que quiero y aprecio acaben sustituyéndome por personas que crean más validas para sus vidas. No quiero que mi vida gire en torno a echar de menos a una interminable cadena de personas que se fueron sin mirar atrás.
Si nos da miedo el amor, es porque hubo una vez nos hicieron daño, o incluso dos. Y cuando a la tercera, cuando en teoría va la vencida, lo que ocurrió es que realmente nos dimos por vencidos. Así que no juzgues a alguien por lo que quiere o deja de querer, porque a lo mejor tiene el corazón echo añicos y unas cicatrices en su piel que no se irán por mucho tiempo que pase. El amor es ese tren que no es que no espere, sino que atropella. Pero es dirigido por alguien por quien te habrías tirado a las vías una y otra vez. Por eso no vuelve a pasar, porque cada amor mata. Y la ilusión del siguiente es lo que resucita, y por eso hay quien dice que si no has muerto por lo menos siete veces en vida es que no has vivido nada. Hay que tener un par de cojones y mucho pero que mucho coraje para enamorarte, porque aquel que te sonríe es el mismo que una mañana te dejara las sabanas frías y un hueco imposible de llenar en tu cama. Hay que ser valiente para querer enamorarte de alguien aún sabiendo ...
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