Otra noche de bajón, hace tiempo que es costumbre. Parece que los problemas nunca se acaban. En realidad, parece que se triplican. Debe de ser por mi culpa, al fin y al cabo soy experta en complicarme la vida. Aunque, todos tenemos problemas, eso no se puede negar. Por eso me encanta tanto la sensación de estar borracha, porque te olvidas del mundo. Solo importa el ahora, el momento, y nada más. Y eso es tan increíble. Te das cuenta de lo ridículo que resulta todo, la vida en general. Es una forma de desconectar de vez en cuando de la realidad, de dejar todo de lado. Por eso bebo, porque me ayuda a seguir, a desinfectarme un poco por dentro. Ojala se pudiera sentir lo mismo sin necesidad de consumir alcohol, ojala pudiera llegar de otra forma a pasar completamente de todo, siendo yo y nadie más. Por eso lo hago. Y de verdad lo siento por la gente que me tiene que aguantar. Al fin y al cabo, somos simples humanos.
Si nos da miedo el amor, es porque hubo una vez nos hicieron daño, o incluso dos. Y cuando a la tercera, cuando en teoría va la vencida, lo que ocurrió es que realmente nos dimos por vencidos. Así que no juzgues a alguien por lo que quiere o deja de querer, porque a lo mejor tiene el corazón echo añicos y unas cicatrices en su piel que no se irán por mucho tiempo que pase. El amor es ese tren que no es que no espere, sino que atropella. Pero es dirigido por alguien por quien te habrías tirado a las vías una y otra vez. Por eso no vuelve a pasar, porque cada amor mata. Y la ilusión del siguiente es lo que resucita, y por eso hay quien dice que si no has muerto por lo menos siete veces en vida es que no has vivido nada. Hay que tener un par de cojones y mucho pero que mucho coraje para enamorarte, porque aquel que te sonríe es el mismo que una mañana te dejara las sabanas frías y un hueco imposible de llenar en tu cama. Hay que ser valiente para querer enamorarte de alguien aún sabiendo ...
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