Hoy, es mi último día como quinceañera. En realidad, solo me quedan poco más de ocho oras para dejar de tener 15 años. Y es algo increíble. Nunca voy a volver a ser tan joven como lo soy en este momento, no voy a volver a tener quince años, nunca más. Porque, aunque no lo parezca, la vida pasa demasiado rápido. Si parece que fue ayer cuando estaba en primero de la eso y me comportaba como una tonta. Y mírame ahora. Tengo casi 16 años y estoy apunto de terminar la eso. Como vuela el tiempo. He cambiado mucho desde entonces, tanto físicamente como por dentro. Aunque hay cosas que nunca superare, bien se yo eso. Todavía no me lo creo. Ha sido un gran año, me han encantado mis 15. He sido muy feliz, realmente creo que los he disfrutado, los he vivido de verdad. No me arrepiento de ello. Toca despedirlos como se merecen. Y tengo buenas esperanzas en los dulces dieciséis. Me siento tan llena de todo. Y creo que tengo que sonreír. Porque, estoy viva. Tengo las mejores amigas y la mejor familia del mundo. Y porque mañana seré un poco más vieja. Por todo eso, creo que soy una persona con suerte, una persona afortunada. Sé que habrá problemas, pero también sé que los podre superar.
Y comprendió que hay personas que brillan sin ser estrella, y que hay silencios que separan, sin ser kilómetros. Que la vida es un poquito así, sin sentido, pero que nos desesperamos por darle uno. Un sentido, con nombre y apellidos, a ser posible. Un sentido que nos abrace por las noches y que no se vaya al vernos las cicatrices: que las comparta con nosotros. Comprendió que enamorarse era una necesidad tan importante como respirar, y que, al igual que moría si no respiraba, también lo hacia, aunque de distinta forma, si no amaba. Pensaba eso del amor. Y también pensaba que las personas se habían acostumbrado a maquillarse los sentimientos, porque tenían miedo de que alguien llegase y les hiciese daño. Y es que no hay nada peor que alguien te rompa lo más bonito que tienes, es decir, las razones de sonreír, los sueños, las esperanzas. Que te quite las ganas. Así que nos vestimos con un poquito de orgullo, y lo miramos todo desde la distancia, tanteando el precipicio antes de saltar,...
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