Echar de menos no es solo decirlo. Echar de menos es romper por dentro cuando suena esa canción que te recuerda a todo lo que paso, o cualquier canción que hable de buenos momentos. Echar de menos es recordar siempre lo mejor, y aprender de lo malo. Echar de menos es angustia, nostalgia y ganas de llorar juntas en una misma mezcla de razón. Es prestar atención a lo que dice tu dormido corazón, querer retroceder el tiempo para volver a vivir esas cosas, que te han hecho ser como eres hoy. Es morir al pensar en esos preciosos recuerdos que tienes, que te auto-destruyas con ellos y quieras repetirlos mil veces más. Por que, al fin y al cabo, todos echamos de menos algo, todos querríamos volver a cierto lugar y a cierto momento, aunque a veces nos cueste reconocerlo.
Si nos da miedo el amor, es porque hubo una vez nos hicieron daño, o incluso dos. Y cuando a la tercera, cuando en teoría va la vencida, lo que ocurrió es que realmente nos dimos por vencidos. Así que no juzgues a alguien por lo que quiere o deja de querer, porque a lo mejor tiene el corazón echo añicos y unas cicatrices en su piel que no se irán por mucho tiempo que pase. El amor es ese tren que no es que no espere, sino que atropella. Pero es dirigido por alguien por quien te habrías tirado a las vías una y otra vez. Por eso no vuelve a pasar, porque cada amor mata. Y la ilusión del siguiente es lo que resucita, y por eso hay quien dice que si no has muerto por lo menos siete veces en vida es que no has vivido nada. Hay que tener un par de cojones y mucho pero que mucho coraje para enamorarte, porque aquel que te sonríe es el mismo que una mañana te dejara las sabanas frías y un hueco imposible de llenar en tu cama. Hay que ser valiente para querer enamorarte de alguien aún sabiendo ...

Comentarios
Publicar un comentario