Me hubiera gustado tener un manual para enfrentarme a la
vida, pero con el tiempo me he dado cuenta de que tienes que tener experiencias
para aprender a vivir. Es verdad que a veces las cosas no salen como queremos,
y últimamente parece como si todo se hubiera vuelto en mi contra. A veces
siento que no voy a poder con todo y tengo ganas de tirar la toalla. Entonces
me paro y pienso en esas pequeñas cosas cotidianas que me suavizan un poquito
el día y que me dan fuerzas para seguir adelante. Una sonrisa a tiempo, esa
canción que suena en la radio llena de recuerdos, la mirada de esa persona
especial, reírme sin parar con una amiga o un mensaje inesperado. Te
preguntaras porque te estoy contando todo esto. Es porque quiero recordarle a
la gente que si afrontamos la vida con optimismo y entre todos nos ayudamos,
podemos darle la vuelta a esta situación que vivimos y ser cada día un poquito
más felices.
Si nos da miedo el amor, es porque hubo una vez nos hicieron daño, o incluso dos. Y cuando a la tercera, cuando en teoría va la vencida, lo que ocurrió es que realmente nos dimos por vencidos. Así que no juzgues a alguien por lo que quiere o deja de querer, porque a lo mejor tiene el corazón echo añicos y unas cicatrices en su piel que no se irán por mucho tiempo que pase. El amor es ese tren que no es que no espere, sino que atropella. Pero es dirigido por alguien por quien te habrías tirado a las vías una y otra vez. Por eso no vuelve a pasar, porque cada amor mata. Y la ilusión del siguiente es lo que resucita, y por eso hay quien dice que si no has muerto por lo menos siete veces en vida es que no has vivido nada. Hay que tener un par de cojones y mucho pero que mucho coraje para enamorarte, porque aquel que te sonríe es el mismo que una mañana te dejara las sabanas frías y un hueco imposible de llenar en tu cama. Hay que ser valiente para querer enamorarte de alguien aún sabiendo ...

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