No
eres la talla de tu sujetador, ni la anchura de tu cintura. No eres el color de
tu pelo, el color de tu piel o el color de tu lápiz de ojos. No te defines por
la cantidad de atención que obtienes de los hombres. Eres las cosas con las que
sonríes, las palabras que dices y lo que te imaginas antes de dormir. Eres los
sentimientos y los pensamientos que tienes. Eres todos los momentos que has
vivido con todas las personas que has conocido. Eres preciosa, no por la forma
de tu cuerpo o por la belleza de tu rostro, sino por la calidad de persona que
eres.
Si nos da miedo el amor, es porque hubo una vez nos hicieron daño, o incluso dos. Y cuando a la tercera, cuando en teoría va la vencida, lo que ocurrió es que realmente nos dimos por vencidos. Así que no juzgues a alguien por lo que quiere o deja de querer, porque a lo mejor tiene el corazón echo añicos y unas cicatrices en su piel que no se irán por mucho tiempo que pase. El amor es ese tren que no es que no espere, sino que atropella. Pero es dirigido por alguien por quien te habrías tirado a las vías una y otra vez. Por eso no vuelve a pasar, porque cada amor mata. Y la ilusión del siguiente es lo que resucita, y por eso hay quien dice que si no has muerto por lo menos siete veces en vida es que no has vivido nada. Hay que tener un par de cojones y mucho pero que mucho coraje para enamorarte, porque aquel que te sonríe es el mismo que una mañana te dejara las sabanas frías y un hueco imposible de llenar en tu cama. Hay que ser valiente para querer enamorarte de alguien aún sabiendo ...

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