Deberías darte cuenta de que a él no le preocupa lo que te
pase, ni que digas mentiras, ni que mires a otros tíos. No le importa lo mucho
que le quieres, y ni siquiera sospecha que sigues pensando en él. Le da igual
que llores a las noches, que te protejas en música y en canciones que solo
tienen sentido en tu vida. Le es indiferente que todavía a veces le des vueltas
a como seria tener una vida juntos, pasar las noches y los días de su mano. Y, aunque
te esfuerces en olvidarlo, aun recuerdas el roce efímero de su piel, cuando sin
quererlo vuestras manos se rozaban y tú contenías la respiración. Su mirada, su
sonrisa, cada palabra, no se te van de la cabeza. La verdad es que ya no sabes
ni lo que sientes, si le quieres o le odias, si le extrañas o no le quiere ver.
Es tanto el tiempo en el que has querido olvidarle, que lo único que has
logrado ha sido recordarle más.
Si nos da miedo el amor, es porque hubo una vez nos hicieron daño, o incluso dos. Y cuando a la tercera, cuando en teoría va la vencida, lo que ocurrió es que realmente nos dimos por vencidos. Así que no juzgues a alguien por lo que quiere o deja de querer, porque a lo mejor tiene el corazón echo añicos y unas cicatrices en su piel que no se irán por mucho tiempo que pase. El amor es ese tren que no es que no espere, sino que atropella. Pero es dirigido por alguien por quien te habrías tirado a las vías una y otra vez. Por eso no vuelve a pasar, porque cada amor mata. Y la ilusión del siguiente es lo que resucita, y por eso hay quien dice que si no has muerto por lo menos siete veces en vida es que no has vivido nada. Hay que tener un par de cojones y mucho pero que mucho coraje para enamorarte, porque aquel que te sonríe es el mismo que una mañana te dejara las sabanas frías y un hueco imposible de llenar en tu cama. Hay que ser valiente para querer enamorarte de alguien aún sabiendo ...

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