¿Sabes porque? Porque tengo miedo. Porque tuve miedo. Y porque sé que seguiré teniendo miedo. De abrir mis heridas, que todavía ni siquiera están curadas. Porque si fuera fácil todo el mundo tendría a alguien. Que no estoy preparada para creerme las mentiras de nadie. Bastante imbécil me he sentido ya durante estos años. Envidio a esa gente que olvida rápido. He querido ser una de esas personas desde que te conocí. Deseaba más que nada en el mundo que se me pasara esta obsesión de ti, creerme eso de que el tiempo lo cura todo. Pero son todo mentiras. Los años, los meses, las semanas y los días. Pasan. El tiempo pasa. Pero, por mucho que haya pasado, juro que no ha habido ni un solo día en el que me haya despertado sin ganas de verte, ni uno en el que no haya pensado en tu sonrisa, en el que no hable de ti.
Si nos da miedo el amor, es porque hubo una vez nos hicieron daño, o incluso dos. Y cuando a la tercera, cuando en teoría va la vencida, lo que ocurrió es que realmente nos dimos por vencidos. Así que no juzgues a alguien por lo que quiere o deja de querer, porque a lo mejor tiene el corazón echo añicos y unas cicatrices en su piel que no se irán por mucho tiempo que pase. El amor es ese tren que no es que no espere, sino que atropella. Pero es dirigido por alguien por quien te habrías tirado a las vías una y otra vez. Por eso no vuelve a pasar, porque cada amor mata. Y la ilusión del siguiente es lo que resucita, y por eso hay quien dice que si no has muerto por lo menos siete veces en vida es que no has vivido nada. Hay que tener un par de cojones y mucho pero que mucho coraje para enamorarte, porque aquel que te sonríe es el mismo que una mañana te dejara las sabanas frías y un hueco imposible de llenar en tu cama. Hay que ser valiente para querer enamorarte de alguien aún sabiendo ...

Comentarios
Publicar un comentario