Tú, que estas hay sentada simplemente leyendo. Tú, que cada
día te enfrentas al mundo con una sonrisa; aunque en realidad dentro tengas una
verdadera tormenta. Tú, la que sabe lo que es no ser correspondida, la que no
sabe olvidar y se da cuenta de lo jodido que es no lograr dejar de pensarle.
Tú, que aunque digas que no, sabes cómo eres. Y aun así sigues sorprendiéndote a
ti misma cada día. Tú, que lloras, que sonríes, que vives, que gritas y cantas.
Tú, que siempre intentas dar lo mejor de ti, llegar al corazón de la gente,
ayudar aunque te quedes en el intento. Tú, que matarías por ellas, aunque no lo
sepan. Tú, que finges que todo te da igual. Tú que estás leyendo esto, sonríe,
porque vales mucho.
Si nos da miedo el amor, es porque hubo una vez nos hicieron daño, o incluso dos. Y cuando a la tercera, cuando en teoría va la vencida, lo que ocurrió es que realmente nos dimos por vencidos. Así que no juzgues a alguien por lo que quiere o deja de querer, porque a lo mejor tiene el corazón echo añicos y unas cicatrices en su piel que no se irán por mucho tiempo que pase. El amor es ese tren que no es que no espere, sino que atropella. Pero es dirigido por alguien por quien te habrías tirado a las vías una y otra vez. Por eso no vuelve a pasar, porque cada amor mata. Y la ilusión del siguiente es lo que resucita, y por eso hay quien dice que si no has muerto por lo menos siete veces en vida es que no has vivido nada. Hay que tener un par de cojones y mucho pero que mucho coraje para enamorarte, porque aquel que te sonríe es el mismo que una mañana te dejara las sabanas frías y un hueco imposible de llenar en tu cama. Hay que ser valiente para querer enamorarte de alguien aún sabiendo ...

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