Nunca había sido demasiado sociable. Pasar mucho tiempo sola en su habitación, escribiendo o pensando, no la incomodaba. Cuando era pequeña,
en el colegio apenas hablaba con sus compañeros. Tenía miedo de destacar por
cualquier cosa, de ser diferente, de llamar la atención. No quería ser el
centro de todas las miradas, no quería cometer errores. A decir verdad, nadie
le hablaba a menos que fuera necesario. Ella era ese elemento discordante e
incomprensible que debía ser ignorado. No le parecía justo. Si hubiera hecho
algo malo, quizás se merecería que la excluyeran y la juzgaran. Pero no era así.
La gente que la rodeaba no intentaba comprenderla. Solo sentían aversión hacia
ella. Todos la consideraban un estorbo y opinaban que sobraba. No entendían que
cada persona es como es, que la gente tímida también tiene derecho a existir.
Si nos da miedo el amor, es porque hubo una vez nos hicieron daño, o incluso dos. Y cuando a la tercera, cuando en teoría va la vencida, lo que ocurrió es que realmente nos dimos por vencidos. Así que no juzgues a alguien por lo que quiere o deja de querer, porque a lo mejor tiene el corazón echo añicos y unas cicatrices en su piel que no se irán por mucho tiempo que pase. El amor es ese tren que no es que no espere, sino que atropella. Pero es dirigido por alguien por quien te habrías tirado a las vías una y otra vez. Por eso no vuelve a pasar, porque cada amor mata. Y la ilusión del siguiente es lo que resucita, y por eso hay quien dice que si no has muerto por lo menos siete veces en vida es que no has vivido nada. Hay que tener un par de cojones y mucho pero que mucho coraje para enamorarte, porque aquel que te sonríe es el mismo que una mañana te dejara las sabanas frías y un hueco imposible de llenar en tu cama. Hay que ser valiente para querer enamorarte de alguien aún sabiendo ...

Comentarios
Publicar un comentario