Te he escrito cientos de veces, he hablado de ti a todo el
mundo con la boca vacía de dudas, he jurado y perjurado que si tú me lo
pidieras dejaría de tener miedo. Me he hartado de justificar tus errores, he
llenado silencios gritando tu nombre y he besado otros labios deseando que
fuesen los tuyos. He llorado tu ausencia y tu desprecio en las noches de
verano, cuando no podía parar de escuchar todas esas canciones que no hacen más
que hablarme de ti. He bebido para recordarte sin que duela, para poder simplemente
pensarte y dejar los bajones para la cama. No he parado ni un segundo de
pensarte desde el día en el que dejaste de hablarme, porque fue entonces cuando
empece a quererte. A ti, porque me matas cada vez que creo que hay esperanzas. Te he perdido y te he recuperado tantas veces que ya es rutina. He dejado que salvaras mis noches y te he buscado en todos los ojos de las calles. Y lo peor es que sigo esperando que vuelvas.
Si nos da miedo el amor, es porque hubo una vez nos hicieron daño, o incluso dos. Y cuando a la tercera, cuando en teoría va la vencida, lo que ocurrió es que realmente nos dimos por vencidos. Así que no juzgues a alguien por lo que quiere o deja de querer, porque a lo mejor tiene el corazón echo añicos y unas cicatrices en su piel que no se irán por mucho tiempo que pase. El amor es ese tren que no es que no espere, sino que atropella. Pero es dirigido por alguien por quien te habrías tirado a las vías una y otra vez. Por eso no vuelve a pasar, porque cada amor mata. Y la ilusión del siguiente es lo que resucita, y por eso hay quien dice que si no has muerto por lo menos siete veces en vida es que no has vivido nada. Hay que tener un par de cojones y mucho pero que mucho coraje para enamorarte, porque aquel que te sonríe es el mismo que una mañana te dejara las sabanas frías y un hueco imposible de llenar en tu cama. Hay que ser valiente para querer enamorarte de alguien aún sabiendo ...
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