Tengo que quererte, amor. Tengo que vivir de ti, créeme, no puedo quitarme este jodido mono de ti. Eres un vicio, eres un exceso, eres tú. Eres la peor de las drogas y cuando te esnifo, dueles. Pero dueles de la manera más bonita que hay, de esa que me hace masoquista. Me gusta sufrir por ti y sé que suena demasiado enfermizo, pero tú también lo entenderías si estuvieras loco por alguien. No sé cariño, quizás este enferma. Tal vez no me cure nunca, quien sabe. Soy muy de sentir las cosas a fondo y encariñarme con la piedra.
Si nos da miedo el amor, es porque hubo una vez nos hicieron daño, o incluso dos. Y cuando a la tercera, cuando en teoría va la vencida, lo que ocurrió es que realmente nos dimos por vencidos. Así que no juzgues a alguien por lo que quiere o deja de querer, porque a lo mejor tiene el corazón echo añicos y unas cicatrices en su piel que no se irán por mucho tiempo que pase. El amor es ese tren que no es que no espere, sino que atropella. Pero es dirigido por alguien por quien te habrías tirado a las vías una y otra vez. Por eso no vuelve a pasar, porque cada amor mata. Y la ilusión del siguiente es lo que resucita, y por eso hay quien dice que si no has muerto por lo menos siete veces en vida es que no has vivido nada. Hay que tener un par de cojones y mucho pero que mucho coraje para enamorarte, porque aquel que te sonríe es el mismo que una mañana te dejara las sabanas frías y un hueco imposible de llenar en tu cama. Hay que ser valiente para querer enamorarte de alguien aún sabiendo ...
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