Aprende de todas esas noches que pasamos por ahí, creyendo que nada puede romper la armonía. Deja de analizarlo todo, somos tú y yo. Y no importa lo demás. Solo quiero estar contigo. Decirte tantas cosas, planes de futuro, acciones del pasado, hablarte sobre mi vida. Que tu escuches, si, me escuches. Que te rías con mis estúpidos errores tontos de ese ayer, pero que sepas cuando tienes que estar serio. Debes saber que a veces digo cosas de cierta manera, como si no me importaran nada, como si solo fuera un tema de conversación. Te estoy pidiendo que entiendas que me importa más de lo que le hago creer a la gente, que debajo de esa coraza de que me da igual, realmente lo he pasado mal. Que puedo estar diciendo con una sonrisa y una carcajada; que él lo fue todo, que me arruino la vida y que he aprendido la lección. Tienes que comprender que te estoy mintiendo, que solo quiero hacerme la fuerte. Que todavía no se han curado las heridas de “ese ayer”, como me gusta llamarlo. Y, solo necesito a alguien que lo entienda. ¿Sabes? A veces lo echo de menos. Como me decía todas esas estupideces, como me amargaba y alegraba los días a la vez. Y cuando yo le quería tanto. Definitivamente, si, “ese ayer” me dejo marcada. Tal vez llegue el día que lo recuerde con cariño. Dentro de más tiempo, eso seguro. Ahora solo quiero contarte todas las cosas que pasaron, todos los días que se quedaran en el baúl de los recuerdos.
Si nos da miedo el amor, es porque hubo una vez nos hicieron daño, o incluso dos. Y cuando a la tercera, cuando en teoría va la vencida, lo que ocurrió es que realmente nos dimos por vencidos. Así que no juzgues a alguien por lo que quiere o deja de querer, porque a lo mejor tiene el corazón echo añicos y unas cicatrices en su piel que no se irán por mucho tiempo que pase. El amor es ese tren que no es que no espere, sino que atropella. Pero es dirigido por alguien por quien te habrías tirado a las vías una y otra vez. Por eso no vuelve a pasar, porque cada amor mata. Y la ilusión del siguiente es lo que resucita, y por eso hay quien dice que si no has muerto por lo menos siete veces en vida es que no has vivido nada. Hay que tener un par de cojones y mucho pero que mucho coraje para enamorarte, porque aquel que te sonríe es el mismo que una mañana te dejara las sabanas frías y un hueco imposible de llenar en tu cama. Hay que ser valiente para querer enamorarte de alguien aún sabiendo ...

Comentarios
Publicar un comentario