Estoy hasta los cojones de todo y de todos. No lo comprendo.
Yo siempre intento ser buena persona, ayudar a los demás, que todos sean felices
aunque yo me tenga que joder. Pero, claro, nadie se fija en eso. Se fijan en
todo lo que hago mal, en todos los pequeños errores que cometo, porque claro,
soy humana, no puedo evitarlo. Hacen mundos de esos errores, me culpan día tras
día por ellos, como si los suyos fueran insignificantes en comparación. Hacen
que me sientas una mierda, hacen que me crea que no valgo nada y que si no estuviera
no notarían mi falta. Me doy cuenta de lo poco que me necesitan y quiero
morirme. No lo aguanto, ¿para esto sirve ser buena? ¿No decían que las personas
amables y que ayudaban a los demás, siempre llegaban lejos? Y lo que me jode es
que, ya no puedo cambiar, seguiré intentando ayudar, intentado que todos sean
felices, aunque para ello tenga que echar mi vida por la borda. Lo sé, porque
aunque todo me vaya mal, creo que sería menos feliz si dejara de hacerlo.
Si nos da miedo el amor, es porque hubo una vez nos hicieron daño, o incluso dos. Y cuando a la tercera, cuando en teoría va la vencida, lo que ocurrió es que realmente nos dimos por vencidos. Así que no juzgues a alguien por lo que quiere o deja de querer, porque a lo mejor tiene el corazón echo añicos y unas cicatrices en su piel que no se irán por mucho tiempo que pase. El amor es ese tren que no es que no espere, sino que atropella. Pero es dirigido por alguien por quien te habrías tirado a las vías una y otra vez. Por eso no vuelve a pasar, porque cada amor mata. Y la ilusión del siguiente es lo que resucita, y por eso hay quien dice que si no has muerto por lo menos siete veces en vida es que no has vivido nada. Hay que tener un par de cojones y mucho pero que mucho coraje para enamorarte, porque aquel que te sonríe es el mismo que una mañana te dejara las sabanas frías y un hueco imposible de llenar en tu cama. Hay que ser valiente para querer enamorarte de alguien aún sabiendo ...

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