Sigo siendo esa niña que lloraba con las despedidas. A día de hoy sigo convencida de que tendré mi propio cuento de hadas, que alguien estará dispuesto a darlo todo por mi. Se ve que no he aprendido lo suficiente de las hostias que me ha dado la vida, porque aun mantengo ese pequeño grado de esperanza. Tal vez en el mundo haya alguien para mi, ¿no? Una persona capaz de pensar en mi de esa forma, que por primera vez me enseñe a respetarme lo más mínimo y que, también por una vez, no me haga daño.
Si nos da miedo el amor, es porque hubo una vez nos hicieron daño, o incluso dos. Y cuando a la tercera, cuando en teoría va la vencida, lo que ocurrió es que realmente nos dimos por vencidos. Así que no juzgues a alguien por lo que quiere o deja de querer, porque a lo mejor tiene el corazón echo añicos y unas cicatrices en su piel que no se irán por mucho tiempo que pase. El amor es ese tren que no es que no espere, sino que atropella. Pero es dirigido por alguien por quien te habrías tirado a las vías una y otra vez. Por eso no vuelve a pasar, porque cada amor mata. Y la ilusión del siguiente es lo que resucita, y por eso hay quien dice que si no has muerto por lo menos siete veces en vida es que no has vivido nada. Hay que tener un par de cojones y mucho pero que mucho coraje para enamorarte, porque aquel que te sonríe es el mismo que una mañana te dejara las sabanas frías y un hueco imposible de llenar en tu cama. Hay que ser valiente para querer enamorarte de alguien aún sabiendo ...

Comentarios
Publicar un comentario