No nos acostamos hasta tarde, siempre con esa necesidad de que alguien, en algún lugar, nos desee buenas noches. La cama esta medio vacía, a mi vida le ocurre algo parecido. Tengo que cambiar las sabanas y algunas cicatrices. Quisiera gritar pero no encuentro las palabras. A veces el silencio se encarga del resto. Ya no se cual es el siguiente movimiento, me quede encasillada hace tiempo, ni siquiera puedo ir hacia atrás. Estoy entre la espada y un precipicio, quizá no sobreviva a la caída. Cuanta gente estará así, cuanta gente estará esperando a punto de desesperarse con las lagrimas en los ojos sin poderlas derramar, porque no se atreven ni a eso. Porque saben que en el fondo solo se mojaran y el mundo seguirá girando, inmune. No creo que encuentre respuesta en el mismo lugar de siempre. Me gustaría terminar con todo esto, con los capítulos colgados de una historia tan triste que se me atraganta. Imposible huir sin decir adiós, pero nunca se me han dado bien las despedidas. Imposible. Me gustaría rectificar, haber tomado otros caminos, aquí solo hay nada; poemas que te salvan durante unos minutos, pero luego vuelves a caer. Vuelves a no saber levantarte. Alguien me tendrá que arreglar, o alguien tendrá que romperme del todo. A estas alturas, no seguir así es lo que importa, cambiarme. Encontrar la postura perfecta en la cama para no notar el abismo que se encuentra a mi lado. Ya nadie sabe mirar, se quedan afuera y cuando te escuchan gritar cierran los ojos. Tampoco sabe nadie salvar desde hace mucho, nadie sabe abrazar sin que se lo pidas. Ni dar un abrazo que dure lo suficiente o que te entienda lo necesario. Y es una pena que le mundo no se detenga al vernos quietos, sin saber donde debemos ir mañana. Sálveme quien pueda.
Si nos da miedo el amor, es porque hubo una vez nos hicieron daño, o incluso dos. Y cuando a la tercera, cuando en teoría va la vencida, lo que ocurrió es que realmente nos dimos por vencidos. Así que no juzgues a alguien por lo que quiere o deja de querer, porque a lo mejor tiene el corazón echo añicos y unas cicatrices en su piel que no se irán por mucho tiempo que pase. El amor es ese tren que no es que no espere, sino que atropella. Pero es dirigido por alguien por quien te habrías tirado a las vías una y otra vez. Por eso no vuelve a pasar, porque cada amor mata. Y la ilusión del siguiente es lo que resucita, y por eso hay quien dice que si no has muerto por lo menos siete veces en vida es que no has vivido nada. Hay que tener un par de cojones y mucho pero que mucho coraje para enamorarte, porque aquel que te sonríe es el mismo que una mañana te dejara las sabanas frías y un hueco imposible de llenar en tu cama. Hay que ser valiente para querer enamorarte de alguien aún sabiendo ...
.jpg)
Comentarios
Publicar un comentario