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Escrito un 18 de agosto

Para empezar debería reconocer que soy una cobarde. Una cobarde con todo lo relacionado al amor, con todo lo real, lo palpable. Soy un jodido desastre hecho cuerpo, lleno de culpa e inseguridad. Sigo siendo esa niña con un miedo atroz a quedarse sola. Ya lo de vivir de ilusiones no me vale, porque me doy de bruces contra la realidad y me hundo. Y pensar que era yo la que condenaba a otros por huir cuando les pedían que se quedasen. Ahora comprendo perfectamente estas ganas de volver a ponerte la mascara y correr hacia un lugar seguro, donde no te puedan herir. Estoy acojonada.

Besos y alcohol, mala combinación.

Quien me iba a decir a mi que los besos saben mejor cuando no los mezclas con alcohol. Nada mejor que lo de irse a dormir sin arrepentirse de nada, con la sensación de que por fin empiezas a controlar tu propia sonrisa. Sera que a veces la suerte se pone de nuestra parte; y a mi ya me tocaba ganarle algún pulso a la vida. Soy de las que une borracheras y fracasos, la que no sabe diferenciar entre vasos y labios. Menudo mundo me he perdido intentando encontrarme en miles de copas, pero que bonito es darme cuenta de mi error de esta forma.

Soy un desastre, y menos mal.

Soy la mejor definición de desastre que vais a conocer, una bala perdida que no tiene remedio ni lugar. Soy esa promesa que me hice y nunca tuve el valor de  cumplir . Soy todas esas canciones que tarareo cuando camino sola por la calle, y también las que grito cuando suenan a todo volumen en cualquier bar de turno. Soy esas copas de más que nunca  debí  tomar, pero es que a mi el alcohol me sienta muy de puta madre. Soy una jodida ruina que nadie se  esforzó  en  reconstruir , y menos mal. Soy mi propia salvación  d esde  que  comprendí que escribir cura más que el ibuprofeno y ayuda casi tanto como una botella de vodka. Soy todo eso que aún me queda por leer, y aprovecho para decirle a mi padre que nunca sabre como darle las gracias por inculcarme su amor por la lectura. Soy todas esas cosas que finjo no desear y que me quitan el sueño. Soy todos estos complejos que poco a poco van desapareciendo, y soy todo lo que estoy empe...

Puedo hacerme feliz.

Poco se habla del placer de olvidar, de mirar a la cara de la realidad. Normalmente solo se piensa en el dolor que te puede acarrear apartar a alguien de tu cabeza. Pero nadie nos cuenta la agradable sensación de conseguirlo. Y que bonitos son algunos finales, sobre todo cuando pierdes algo que nunca quisiste haber encontrado. Cuando dejas de necesitar las palabras de alguien para continuar y empiezas a comprender que el oxígeno es el único que te mantendrá con vida.  Acojona pensar en cuantísimo daño soy capaz de hacerme, y cuanto me gusta sufrir. Que peligro tengo al ser mi mayor victima. Pero del mismo modo que me he jodido viva, puedo hacerme completamente feliz. Sin ayuda. 

Escribir personas

Dejar de escribir por alguien, y empezar a hacerlo únicamente para ti. Que para algo nos tenemos a nosotros mismos; y seguro que nos merecemos más versos que la mayoría de las personas a las que les hemos dedicado párrafos y textos. Pero, desde luego, lo escrito perdura; para no volver a cometer los mismos errores. Y cuando hablo de errores, hablo de personas. Personas que recuerdas al irte a dormir, al pasear por esa calle, o al escuchar una canción concreta. Otras que a lo mejor desearíamos no haber conocido nunca, y otras que quizás habrían marcado tu vida si hubieran llegado antes o después, pero nunca en el momento en el que aparecieron. También están esas personas a las que siempre vas a volver, esas que te hacen sentir en casa con solo mirarlas y que son tu verdad porque su risa es la única melodía que querrías seguir escuchando durante toda tu vida. Personas que, al fin y al cabo, han hecho que seas como eres hoy. Siempre he creído que escribir sobre alguien es darle demasiada...

Ya no quiero que vuelvas

Créeme que ahora mismo desearía no haberte conocido. Bueno, en realidad tu y yo nunca nos hemos llegado a conocer, y menos mal. Te juro que estas van a ser las putas últimas palabras que te escriba. Sé que aunque en estos instantes intente borrar tu recuerdo, no seré capaz de hacerlo. Porque cada uno de tus estúpidos mensajes me sacaba una sonrisa, incluso tiempo después de que dejaran de llegar conseguía estar contenta por el simple echo de estar a tu lado a diario. Por eso no me arrepiento de haberte querido, porque he sido completamente feliz amargándome la vida por ti. Y me da igual que nadie lo entienda.  Ademas esta claro que el problema no es mio. Te habrás reído un montón a mi costa, no me extraña. Imagino los comentarios que les habrás echo a tus amigos sobre mi, diciendo que soy patética, que soy una niñata y una penosa. Pues lo siento mucho, pero lo verdaderamente patético es hacerle creer a una persona que estas interesado en ella y luego cuando ya la tienes pillada, ...
Acabo de entender por qué me encanta emborracharme: odio demasiado ser consciente de la realidad todo el rato.