Los días van pasando, ya no hay esas ganas de vivir, ya no hay nada que haga sonreír. Lejos se fueron las ilusiones, buscando personas que todavía creyeran en ellas. Se quedo en un rincón la felicidad, sin ganas de correr ni de brillar. Y, ella lo sabía. Sabía que no era nadie, que no era especial. No era como esas chicas de revista, ni mucho menos. Más bien todo lo contrario. Podía hacer un máster en complejos, eso estaba claro.
Si nos da miedo el amor, es porque hubo una vez nos hicieron daño, o incluso dos. Y cuando a la tercera, cuando en teoría va la vencida, lo que ocurrió es que realmente nos dimos por vencidos. Así que no juzgues a alguien por lo que quiere o deja de querer, porque a lo mejor tiene el corazón echo añicos y unas cicatrices en su piel que no se irán por mucho tiempo que pase. El amor es ese tren que no es que no espere, sino que atropella. Pero es dirigido por alguien por quien te habrías tirado a las vías una y otra vez. Por eso no vuelve a pasar, porque cada amor mata. Y la ilusión del siguiente es lo que resucita, y por eso hay quien dice que si no has muerto por lo menos siete veces en vida es que no has vivido nada. Hay que tener un par de cojones y mucho pero que mucho coraje para enamorarte, porque aquel que te sonríe es el mismo que una mañana te dejara las sabanas frías y un hueco imposible de llenar en tu cama. Hay que ser valiente para querer enamorarte de alguien aún sabiendo ...

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