Ayer mientras subía en ascensor al piso de la decadencia, no paraba de pensar en nosotros. En que a veces te me haces cuesta arriba, como si tuviera que tirar de ambos para llegar a alguna parte. Y yo ya estoy muy cansada de tirar de mi. Me iba genial con mi coraza, con mis besos a media hasta, con vivir del recuerdo o con él. Pero tenias que llegar con sonrisas y tenias que pedirme explicaciones sin hablar. Tú, que no comprendes que podría enamorarme tan fuerte, que tengo un cumulo de distancias desbordado ya. Que ya no le quiero, y eso duele. Tú, que aún no lo sabes. Tú y tus mensajes a la madrugada.
De madrugar y dejar el alcohol he aprendido que la vida es una mierda, que me sigue latiendo el pecho a ritmo de luz cuando nadie me oye. Que prefiero la copa y la barra y arrastrarme por las aceras, a esta cotidianidad tan horrenda que parece tener absorta a la sociedad. ¿Que clase de infelices pueden vivir así? Sin dolor, sin resaca, sin el sabor amargo de otra noche gastada y otro día perdido hasta las tres de la tarde. ¿Que clase de infelicidad hay en ser feliz, en el equilibrio?
Cariño, anoche me enfunde los tacones para dejarte huella. Y que mal que me den ganas de llamarte a estas horas, me tengo prohibido tenerte de día. Mis fantasmas aparecen con el amanecer y no con la oscuridad. Me llevo tan mal con la luz...
Si me salvas de otra primavera, me quedo. Aunque tenga que dejarme la piel para ser de nuevo la niña que sonríe. Ya no se si es pedirte perdón o permiso. Y como no voy a querer coserte a besos, con las balas que lanzas al corazón.
De madrugar y dejar el alcohol he aprendido que la vida es una mierda, que me sigue latiendo el pecho a ritmo de luz cuando nadie me oye. Que prefiero la copa y la barra y arrastrarme por las aceras, a esta cotidianidad tan horrenda que parece tener absorta a la sociedad. ¿Que clase de infelices pueden vivir así? Sin dolor, sin resaca, sin el sabor amargo de otra noche gastada y otro día perdido hasta las tres de la tarde. ¿Que clase de infelicidad hay en ser feliz, en el equilibrio?
Cariño, anoche me enfunde los tacones para dejarte huella. Y que mal que me den ganas de llamarte a estas horas, me tengo prohibido tenerte de día. Mis fantasmas aparecen con el amanecer y no con la oscuridad. Me llevo tan mal con la luz...
Si me salvas de otra primavera, me quedo. Aunque tenga que dejarme la piel para ser de nuevo la niña que sonríe. Ya no se si es pedirte perdón o permiso. Y como no voy a querer coserte a besos, con las balas que lanzas al corazón.
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