Todos tenemos un lado cursi, solo que algunos saben esconderlo mejor que otros. Una sonrisa al teléfono. Un te quiero. Un beso. ¿A quien no le gusta que le quieran? Incluso el que tiene miedo de sufrir, quiere un poco de amor en su vida. Es tan simple como eso. Todos queremos lo mismo. Alguien que nos entienda, que nos complete, alguien con el que vivir el resto de nuestras vidas. Alguien que nos haga feliz en cualquier parte, rincón y lugar del mundo. Alguien que simplemente nos quiera tal y como somos, que se haya enamorado de nosotros, que quiera una vida a nuestro lado. Todos queremos lo mismo.
Si nos da miedo el amor, es porque hubo una vez nos hicieron daño, o incluso dos. Y cuando a la tercera, cuando en teoría va la vencida, lo que ocurrió es que realmente nos dimos por vencidos. Así que no juzgues a alguien por lo que quiere o deja de querer, porque a lo mejor tiene el corazón echo añicos y unas cicatrices en su piel que no se irán por mucho tiempo que pase. El amor es ese tren que no es que no espere, sino que atropella. Pero es dirigido por alguien por quien te habrías tirado a las vías una y otra vez. Por eso no vuelve a pasar, porque cada amor mata. Y la ilusión del siguiente es lo que resucita, y por eso hay quien dice que si no has muerto por lo menos siete veces en vida es que no has vivido nada. Hay que tener un par de cojones y mucho pero que mucho coraje para enamorarte, porque aquel que te sonríe es el mismo que una mañana te dejara las sabanas frías y un hueco imposible de llenar en tu cama. Hay que ser valiente para querer enamorarte de alguien aún sabiendo ...

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