Me encanta que me digas ese tipo de cosas. Esas que me hacen feliz, que hacen que me ponga contenta, y es que alegras mis días con unas pocas palabras. Si, así sin mas. Ni te lo imaginas, flipas un rato, lo se. Quien nos lo iba a decir. Tu y yo. Si, es raro. Que fácil es ser feliz, en realidad, a tu lado. Estemos donde estemos. Cambien lo que cambien las cosas. Estamos por encima de eso, ¿no? O eso decíamos en los días buenos. Quien sabe. Tal vez, después de todo, estemos echos el uno para el otro. Dos personas tan diferentes, tan cambiantes. No se puede saber donde acabara todo esto. Tampoco si algo pasara. Pero esperemos llegar a algo.
Si nos da miedo el amor, es porque hubo una vez nos hicieron daño, o incluso dos. Y cuando a la tercera, cuando en teoría va la vencida, lo que ocurrió es que realmente nos dimos por vencidos. Así que no juzgues a alguien por lo que quiere o deja de querer, porque a lo mejor tiene el corazón echo añicos y unas cicatrices en su piel que no se irán por mucho tiempo que pase. El amor es ese tren que no es que no espere, sino que atropella. Pero es dirigido por alguien por quien te habrías tirado a las vías una y otra vez. Por eso no vuelve a pasar, porque cada amor mata. Y la ilusión del siguiente es lo que resucita, y por eso hay quien dice que si no has muerto por lo menos siete veces en vida es que no has vivido nada. Hay que tener un par de cojones y mucho pero que mucho coraje para enamorarte, porque aquel que te sonríe es el mismo que una mañana te dejara las sabanas frías y un hueco imposible de llenar en tu cama. Hay que ser valiente para querer enamorarte de alguien aún sabiendo ...

Comentarios
Publicar un comentario